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viernes, julio 03, 2009

In Memoriam FODA

En Julio 3 de 2005, en un absurdo accidente a caballo, se fue mi hermano del alma, mi mejor amigo. Hoy quiero hacerle un pequeñísimo homenaje.

No había escrito nada sobre su partida desde el día de su funeral, pero hoy me dieron ganas de hacerlo, no se por qué, pero sólo quise hacerlo y lo hice. Extraño mucho ese negro y seguro que nunca nadie llenará ese vacío que dejó, porque ese vacío que queda cuando un hermano escogido se va, solo se llena cuando las almas se encuentran de nuevo.

La gente dice que la vida sigue, y es verdad, pero seguro que no sigue igual... ¿ejemplos?
  • Seguramente hoy sería mi compadre, pero mi hija nació unos meses después, ella hoy tiene excelentes padrinos y un tío que la cuida desde el cielo.
  • Habríamos caminado muchísimo juntos en las últimas 4 Semanas Santas, pero me ha tocado caminar solo mientras el ve las procesiones desde un palco de honor junto a los mejores cargueros que también se han ido.
  • Nos habríamos seguido ayudando a vestir mutuamente para cargar en Semana Santa como lo hacíamos siempre, yo lo hice por última vez su último día sobre esta tierra y me tocó aprender a vestirme solo, porque nadie ha podido ayudarme de verdad, ojalá para mi última vez alguien pueda hacerlo bien.
  • Nos habríamos emborrachado un par de veces más, porque aunque no tomo mucho, era con la única persona que me sentía tranquilo tomando, pero se tomó su útimo trago y se fué, y con el se llevó mis tragos de más, esos que quitan la conciencia y la memoria.
  • Nos habríamos reido mucho de sus ocurrencias o las mías, hoy me sonrío con los buenos recuerdos y lamento mucho su ausencia.
  • Estaríamos tristes por la partida de Michael, mucho nos lo gozamos, sobre todo cuando yo bailaba dormido, o eso decía, pero hoy están bailando juntos mientras acá seguimos tristes por la partida de los dos.
Pero en fin, la vida sigue, no igual, pero sigue, tal vez así debe ser, sólo Dios lo sabe!
J.

viernes, noviembre 28, 2008

Diez Años de la Vida

Hoy quiero invitar a un excelente blogger y amigo con uno de los posts que más me ha impactado y que sin duda alguna más recuerdo. Publicado originalmente en La Stulta Viro el 4 de Julio de 2007, hoy cobra nuevamente vigencia, aunque con un año y algo más.
J.
Diez años de la vida

Cosas que he hecho en los últimos diez años:

Trabajar como vendedor de tenis y comisionista inmobiliario, terminar mis estudios de arquitectura, obtener el título profesional, tomar un taller de arte en madera, matricularme en un curso de pintura, coger el cigarrillo, acampar en varios páramos y un desierto, recorrer medio país en flota o echando dedo, probar la marihuana, ir por primera vez donde las putas -y sólo mirar-, tocar en un festival de jazz, armar mi primer computador, aprender Autocad, comprar mi primer carro, abrir mi primera cuenta de correo electrónico, vivir con un amigo, vivir solo, aprender a cocinar, convertirme en profesor particular de diseño, estudiar esperanto, aprender a hacer muebles en cartón corrugado, organizar una exposición de arte, convertirme al budismo por un día, aprender a bailar salsa, sufrir mi primer despecho, sufrir el segundo, dejar el cigarrillo, aprender a pintar paredes, tomar un curso de ala delta y desertar antes del primer vuelo, inscribirme a un año de gimnasio, ir un mes, volver a coger el cigarrillo, conocer a la mujer de mi vida, enamorarme de ella, vivir con ella, aprender a hacer mercado, comprar bicicleta y volverme ciclista de domingo, emplearme en una constructora, extirparme las amígdalas, renunciar a la constructora, adoptar un perro callejero, casarme, dejar el cigarrillo, engendrar un hijo y verlo nacer, aprender a cambiarle los pañales, enseñarle a hablar, enseñarle a caminar y llevarlo de la mano a su primer día de clase, volver a coger el cigarrillo, montar una empresa, enderezarme el tabique, volvérmelo a torcer, comprar mi segundo carro, conocer a mi primer sobrino, conocer al segundo, convertirme en padrino, aprender inglés, olvidar el francés, escribir tres cuentos -uno de ellos aún inconcluso-, escribir dos canciones, montar un negocio de tortas navideñas, quebrarme con el negocio de tortas navideñas, abrir un blog, convertirme en columnista empírico, abrir un vlog, convertirme en videógrafo empírico, intentar rafting y escalada en roca -mismos resultados que con el ala delta-, conocer Venezuela, Panamá y Estados Unidos, vivir una temporada fuera del país, trabajar como diseñador de interiores, comprar mi tercer carro, sufrir una bancarrota y recuperarme, abrazar un delfín, comer cocodrilo, hacerme el tratamiento de ortodoncia, visitar una refinería de crudo y un barco petrolero, hacer la primera remodelación para un cliente, hacer la segunda, enterrar a mi mejor amigo, conocer gente buena, conocer gente regular, conocer gente mala, vivir la vida.

Cosas que ha hecho Pablo Moncayo en los últimos diez años:

Ninguna.

El cabo segundo Pablo Emilio Moncayo fue secuestrado hace diez años por las FARC-EP y desde entonces lo único que ha podido hacer es esperar el día en el que los cerdos que lo mantienen enjaulado y encadenado le devuelvan la vida y el derecho a existir.

El tiempo perdido… ese no se lo devolverá nadie. Tampoco a los otros tres mil secuestrados que de manera criminal mantienen las FARC-EP en sus campos de concentración.

viernes, septiembre 26, 2008

Que noche!

Tumbado aquí, sobre mi cama, con el pensamiento fijo en tí. Con un enorme deseo de agarrarte y apretarte fuertemente entre mis manos, todavía excitado con el recuerdo de la noche anterior, la noche cálida y sofocante, tengo incontenibles ganas de agarrarte y de decirte todo lo que siento. Tu recuerdo me tiene angustiado.

Apareciste... y desapareciste. Todo sucedió anoche, en mi cama...
Con fricción, te acercaste a mí y sin mostrar pudor alguno te pegaste a mi desnudo cuerpo, percibiendo mi indiferencia te acercaste más y más...

Mordías todo mi cuerpo sin recatos, sin escrúpulos... me volviste loco... no sabía qué hacer... por fin me dormí.

Hoy, cuando desperté, te busqué desesperadamente en vano, no te encontré. Ya no estabas... ¡Te habías ido!

En toda la sábana, había muestras de lo sucedido la noche anterior, en mi cuerpo dejaste huellas inolvidables, marcas profundas que tardarán mucho tiempo en sanar y que estarán mucho tiempo presentes en mí.

Esta noche me acostaré temprano y te esperaré... Cuando llegues, no quiero imaginar lo que va a suceder... Me abalanzaré sobre de tí con la fiereza de un león y rapidez de una cobra y ya no te irás... ya no podrás escapar de mí... te apretujaré hasta sentir la sangre de tu cuerpo.

Sólo así podré descansar: ¡Zancudo Hijuep*ta!
No es mío, sólo llegó hace días a mi correo
como reenvío de un forward, pero hoy,
aquí y ahora, tiene plena validez...
... y ronchas!
J.

miércoles, junio 25, 2008

Sociedad de Consumo

Este artículo me llegó hoy por correo, me pareció muy interesante y por eso decidí compartirlo. En el mail dice ser de Eduardo Galeano, aunque llegaría a pensar que es uno de esos "fakes" que circulan por la red atribuyendo a algunos lo que escribieron otros. Este, por ejemplo, parece que ha circulado bajo el nombre de "Por qué no me compré un DVD", pero dicen que no es de este autor.

Sea de quien sea su autoría, la idea es interesante y me abrió la mente a entender por qué donde "mi tía Vilma" se encuentra
guardada tanta chuchería, cacharro, chéchere o trasto y por qué es que algunos pertenecientes a "La generación de la guayaba" heredamos algunas mañas de estas de guardar de todo... sino, pregúntenle a mi mamá!

Sociedad de Consumo.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando cuento encontraba por si acaso .

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡ Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de nevere tres veces.


¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de ........... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. El caucho solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en Noche vieja .

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo). Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos... ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Varta pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!!
Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!! ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de alguna parte! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron:
'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a esposa como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la esposa me gane de mano y sea yo el cambiado.
Ahí les dejo... ahora a pensar si la maña es solo de los padres, a entenderlos o entendernos y tener presente, que si Dios quiere, llegaremos allá, con nuestras propias y renovadas mañas de viejito, que serán identificadas, reconocidas y criticadas por nuestros hijos... si no me creen, muéstrenle una foto suya, de hace 15 o 20 años a un muchacho de 10 o 15 y escuchen su opinión...

Saludos,
J.

domingo, junio 22, 2008

The show must go on

Esta mañana recibí una de esas noticias que definitivamente te bajan nuevamente a la tierra y te recuerdan que las cosas no siempre ocurren como uno quisiera o como se planean, de esas que nos recuerdan que ese "Hágase tu voluntad" que tantas veces hemos repetido casi inconscientemente no son solo palabras sino que al final siempre son la realidad, esta mañana me enteré que anoche, en un accidente de tránsito, que sin detalles me imagino que fué tan absurdo como todos, murió un viejo y buen amigo, compañero de trabajo en alguna época de mi vida y aunque no manteníamos constante comunicación, siempre sabíamos uno del otro.

La noticia, en si misma, es muy triste e impactante, pero el hecho de tener vidas, en general, muy parecidas, me recordó que definitivamente hay cosas para las que no nos preparamos, y mucho menos a nuestra familia.

A ver si esta vez se le pone más cuidado a los mensajes de la vida y se hace algo.

El que se fué se fué, ahora la función debe continuar para los que quedan, la pregunta es ¿Estaban preparados?

Yo no!

Yo no me quiero ir todavía, pero eso no lo decido Yo, ojalá alcance a prepararme un poco y a mi familia, antes de que sea muy tarde y antes de necesitar otro "recorderis".

Mientras tanto solo vemos alrededor que, con o sin nosotros, "The show must go on..."

Paz en la tumba del Ingeniero Andrés Velasco y mucha fortaleza para Pao y la pequeña Manuela.

jueves, agosto 16, 2007

Post-comentario a post de Stulta

El post que originó este post-comentario: Algo hemos evolucionado, por Stultaviro.

Felicitaciones por este artículo don Stulta... una vez más se faja con sus opiniones.

Definitivamente estoy de acuerdo con Usted en todo. Cuando se ha tenido la oportunidad de conocer un poco más allá de las fronteras de nuestra amada Colombia hay puntos de comparación y por eso me alegra mucho la evolución positiva y ese acercamiento a la civilización ideal que está teniendo Bogotá. Igualmente me produce tristeza reflexionar sobre otras dos ciudades que significan mucho y a las que les debo mucho en mi vida, y que tal vez por ello, por esa importancia me atrevo a criticar:
La primera es Popayán, mi ciudad natal, que lastimósamente es un pueblo "en pausa", que sigue dando vueltas en su historia gloriosa de hace 2 siglos, que sigue pensando que puede vivir del orgullo de ser la ciudad que más presidentes de Colombia ha traido al mundo y de los que no queda ni uno vivo, de tener la Semana Santa más solemne y antigua de América, pero en la que no se ve un progreso real, en la que las costumbres del cigarillo, alcohol, conducción y demás siguen como las recuerdo hace 20 o 30 años y lo único que ha cambiado son los modelos de los automóviles y la variedad de licores, cigarrillos y sitios para consumirlos, donde las niñas siguen siendo madres muy jóvenes porque en los colegios de monjas apenas y se menciona la planificación porque las normas educativas lo exigen.
La otra es Cali, donde vivo, donde me hice profesional, formé mi familia, nació mi hija y tengo mi trabajo. Esta ciudad me duele porque la conocí como ejemplo de civismo y de limpieza, leyendo tu artículo siento como si los que ensuciaban Bogotá se hubieran venido para acá, los que bebían y conducían tambien, se trajeron los juguetes bélicos a las calles del centro y todos los que tenían poco o ningún civismo decidieron venir tras la "bonanza traquetera" de los 90 y se quedaron con sus malas mañas por acá, apoyando políticos que exceden con creces los promedios de corrupción nacional y que no han permitido que esa evolución de la que hablas se note de verdad y se limite a sobrevivir entre un puñado de personas que queremos y esperamos poder contribuir en algo a que llegue realmente a la ciudad.
Pensándolo bien, creo que este comentario se ganó el grado de Post y será publicado en mi blog.
Saludos, Stulta y Gracias!
J.

martes, agosto 14, 2007

De vuelta al colegio

Es increible la manera como los recuerdos vienen a tu cabeza después de años y cómo un detalle tan simple como una imágen, un aroma, un sabor, un lugar o un objeto te pueden transportar en el tiempo y el espacio. Aprovechando que en Cali estamos en época de regreso a clases, la semana pasada andaba buscando un nuevo maletín (léase pañalera) para Sara Sofía, y me encontré con uno de esos detalles, me transporté como 33 años atrás (ni más, ni menos), me ubiqué mentalmente en Popayán, en el patio del Colegio Guillermo León Valencia, en la sede que quedaba a media cuadra del puente del humilladero como al medio día, me acordé como me sentaba a esperar en el patio a que mi Tío Silvio llegara a recogerme para llevarme a casa, me acordé del ruido de los niños jugando en el patio interior del colegio, de un marranito de cerámica que decoré con calcomanías de agua para un día de la madre (que todavía existe) y me acordé como una vez rompí un lente de mis gafas (porque yo usaba gafas desde pequeñito) porque me senté en el maletín y estaban adentro... todo esto porque me encontré ni más ni menos que mi maletín de Kinder, si, uno igualito, de cuero café con hebillas y repujados a Bugs Bunny, Porky y el Pato Donald sobre las letras A, B y C.
Cuántos más tuvieron este Maletín?... (Y eso que no volví a ver la lonchera metálica, con termo, del hombre nuclear)